¿Y QUÉ HACEMOS CON EL RAYO?

Ilustración de un oso vestido como juez, en estilo retro y elegante
Ilustración de un oso vestido como juez, en estilo retro y elegante

¿Y QUÉ HACEMOS CON EL RAYO?

Una amiga  compartió una noticia que me dejó incómoda todo el día. Una osa parda que mató a un corredor en los Alpes italianos fue finalmente trasladada a un refugio en Alsacia. El artículo es inquietante, no solo por el drama —un hombre muerto, una osa capturada y enviada al exilio—, sino por la lógica detrás de todo el caso: como sociedad, decidimos juzgarla. Literalmente.

Hubo juicio. Hubo apelaciones. Hubo incluso una decisión política de aplicar una “cadena perpetua” en forma de encierro de por vida. Y aunque se evitó la pena de muerte, la solución no deja de ser trágica. Uno de los etólogos del refugio, que la recibe a regañadientes, lo resume así: “Habríamos preferido que muriera en la naturaleza.” No lo dice con crueldad, sino con tristeza. Porque lo que viene no es justicia: es una vida en cautiverio para un ser que no entiende el castigo.

Pero ¿cuál fue su crimen? Ser osa. Defender su territorio. Reaccionar ante una amenaza. Hacer lo que hace cualquier animal salvaje cuando se siente en peligro. ¿Cómo puede alguien esperar que una osa en los Alpes no actúe como osa?

Y entonces aparece el rayo. Me refiero a esa otra forma de muerte que también nos incomoda porque no podemos castigarla. Si un hombre muere alcanzado por un rayo, ¿qué hacemos con el rayo? ¿Lo denunciamos? ¿Lo encarcelamos? ¿Designamos un responsable? La pregunta suena ridícula, pero no tanto como parece. Porque en el fondo, eso es lo que hacemos cuando castigamos a un animal por ser lo que es. Aplicamos el mismo reflejo: el de encontrar un culpable, algo que podamos encerrar, eliminar, controlar.

Vivimos bajo una idea moderna —que para mí es profundamente absurda— de que tenemos un “derecho a la vida (humana)” como valor absoluto. Ese derecho, elevado a dogma, nos arrastra por un razonamiento por derivación llevado al absurdo: si la vida humana es sagrada, todo lo que la amenace debe ser corregido o eliminado. Así, la muerte deja de ser un hecho natural y se convierte en un problema técnico o legal. Algo que debe resolverse. Gestionarse. Castigarse.

La paradoja es cruel: matamos animales cada día sin siquiera verlos. Al elegir un filete, al comprar productos probados en su piel, al ocupar su espacio. Participamos en una muerte sistemática, industrial, sin titulares. Sin juicio. Y sin culpa.

Pero cuando un animal mata a un humano, estalla el escándalo. Porque rompe el pacto tácito de supremacía. Porque nos recuerda que no todo está bajo nuestro control. Y que la vida, incluso la nuestra, sigue siendo vulnerable.

Tal vez el juicio a esta osa no diga nada de ella, pero sí mucho de nosotros. De nuestra necesidad de imponer sentido donde no lo hay. De nuestra desesperación por domesticar lo salvaje. De nuestro profundo miedo a aceptar que no todo gira en torno a nosotros.

Así que vuelvo a preguntarlo:

¿Qué hacemos con el rayo?

La amiga que menciono al inicio es Émilie Devèze, autora de una novela fantástica que también gira en torno al juicio a una osa. Si estás tan indignado como yo y lees en francés, te la recomiendo: Mont des Ourses.

Compartir

Algo más

ANATOMÍA DE LA TRISTEZA ¿Por qué escribir sobre la tristeza?...

Leer más

LA ESTÉTICA DE LA BONDAD Así como suelo confundir el...

Leer más

2 thoughts on “¿Y QUÉ HACEMOS CON EL RAYO?

  1. Así de absurdo el pensamiento y el actuar de muchos, al castigar a una osa como cualquier otro animal por seguir su instinto, cuando los humanos traspasan, invaden, su espacio y son una amenaza para ellos..además uno sabe que en cualquier momento se está exponiendo a una situación de riesgo….💔🐻‍❄️🤍

    1. Gracias, Adriana, por tu comentario tan lúcido. Estoy completamente de acuerdo: castigamos a los animales por seguir su instinto mientras los humanos invadimos territorios, rompemos equilibrios y después buscamos culpables fuera de nosotros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.