SÍ, MAMÁ. COMO TÚ DIGAS
A veces pienso que, en lugar de declararle la guerra al narcotráfico, el gobierno mexicano podría haberse sentado con las madrecitas de los capos, pidiéndoles de la manera más atenta que les pusieran límites a sus críos. Quizás muchos muertos nos habríamos ahorrado. Porque al final de cuentas, todos tenemos a alguien con cierta autoridad sobre nosotros, aunque no siempre queramos admitirlo.
Oscar Balmen (@oscarbalmen), periodista especializado en el crimen organizado, relató en sus artículos sobre Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, uno de los hombres más temidos y sangrientos del mundo, pero también un hijo. Es perturbador imaginar a este capo, que desafió gobiernos y sembró terror, cuadrándose ante la mirada firme de su madre, Consuelo Loera. Doña Consuelo vivió casi un siglo (falleció en 2023 a los 95 años), y aunque nunca participó directamente en las actividades ilícitas de su hijo, fue el pegamento moral de su familia.
Cuando surgían disputas entre sus hijos —como aquellas entre Joaquín y su hermano Aureliano—, doña Consuelo no delegaba su autoridad. Los convocaba en su casa, preparaba su famoso asado de puerco, y no los dejaba irse hasta que hubiesen resuelto sus diferencias. Es fácil imaginarla diciendo, después de una regañina contundente: «Y ahora, dense un abrazo.» Una escena casi tierna, si no fuera porque ocurría en el seno de una familia cuyo poder estaba teñido de sangre.
Que si lo educó bien o mal… eso es harina de otro costal. Lo que sí es claro es que, en el fondo, todos seguimos escuchando la voz de quien nos dijo, alguna vez: «¡Hazme caso!».