LO MEJOR DE ESTE AÑO…
Conforme vamos sumando años, nuestras expectativas hacia el futuro se vuelven más modestas. Pasamos de querer que el año entrante sea espectacular a conformarnos con que no sea peor que el anterior. Luego viene el deseo de mantenernos medianamente sanos, y supongo que, llegado el momento, solo pedimos seguir vivos. Pero yo veo el porvenir con optimismo. Todavía es enero y ya me ha ocurrido algo fantástico que probablemente acabe en mi lista de lo mejor del año: han abierto, a unos pasos de casa, un restaurante pakistaní.
Esto, aunque parezca anecdótico, es un gran acontecimiento, porque mi afición por la comida del subcontinente no es compatible con el estilo de vida europeo. Viví cuatro años y medio en Pakistán, un país al que le tengo muchísimo cariño, y que me cambió el paladar. Cada vez que intento preparar un nihari, un pollo karahi o un gobi aloo masala, se desata una catástrofe doméstica. Las alarmas de incendio de mi piso empiezan a sonar como si hubiera prendido fuego a toda la finca, lo que activa el protocolo de seguridad: los tipos de la compañía entran en acción a través de la cámara, mientras llaman a mi marido y a mi sobrina en Bilbao para informarles de que mi cocina es, una vez más, una zona de desastre con niveles de humo incompatibles con la vida humana.
Y aquí es donde me enojo: las grandes capitales europeas están diseñadas para extinguir la comida casera y evitar que las cocineras ejerzan su arte. Esas cocinas abiertas tan modernas, con encimeras de mármol impecable y campanas extractoras decorativas, están hechas para calentar sopa de sobre o, con suerte, un plato precocinado. Pero si te atreves a guisar como Dios manda, olvídalo. Está más penado que ponerte a fabricar metanfetaminas en casa.
Así que este nuevo restaurante es un regalo. Ahora puedo pedir todas esas delicias sin alterar la paz de mi edificio, sin sobresaltos ni alarmas, y, lo más importante, sin que me hagan sentir que mi amor por los guisitos especiados es un acto subversivo.
Hola. Me ha encantado este artículo. Y es cierto que cocinar los platos del subcontinente dejan la cocina bien “aromática”. Me alegro que tengas el restaurante cerca.