ODA A LAS TOALLAS

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ODA A LA TOALLA

La toalla es al viajero lo que la brújula al explorador: indispensable. Enrollada en la maleta, parece una carga estorbosa, pero siempre despliega su valor en la acción. Seca el sudor de la frente y se desliza sobre la piel mojada, borrando el agua con un susurro áspero. Se convierte en manta, en almohada improvisada. Se enrosca en la cabeza, abraza la nuca, se extiende para un picnic, protege del sol y oculta las vergüenzas. Ondea como una bandera de auxilio y, mojada, se planta sobre las llamas para apagar la tragedia. En un gesto de manos, se transforma en un cisne que embellece la cama de un hotel sin estrellas. La toalla es humilde y se deja caer al suelo cuando se sabe sucia. Y ahí radica su grandeza: en su capacidad de adaptarse, de enfrentar cualquier desafío con dignidad y sin pedir nada.

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