LA CAÍDA DE ÍCARO Y LA CULTURA DE LA FANTASÍA
Ícaro y su padre, Dédalo estaban prisioneros en la isla de Creta. Para intentar huir, Ícaro salió volando con unas alas pegadas con cera a su cuerpo. Pero al acercarse en exceso al Sol, ignorando los consejos de su padre, perdió sus alas al fundirse la cera y cayó al mar. Esta tragedia adquiere una nueva dimensión cuando la contrastamos con la narrativa norteamericana (dominante), donde constantemente se nos anima a “volar alto” y glorifica la idea de que no hay inalcanzables. Al igual que Ícaro, todos nos damos golpes de realidad y toca aceptar que somos vulnerables, finitos, y que algunos de nuestros sueños son imposibles. Sin embargo, la cultura del éxito prefiere la fantasía de lo ilimitado, impidiéndonos aceptar nuestras limitaciones.