¡FELIZ AÑO NUEVO CHINO!
Siempre que critican a los chinos me lo tomo personal, me viene natural. Quizás porque he estado allí, porque he visto su cultura de cerca, porque he aprendido a admirarlos más allá de los clichés. No soporto que digan que comen cualquier cosa, que son sucios, que sus productos son de mala calidad y menos aún que son unos borregos. Detrás de cada estereotipo hay siglos de dolor, de resistencia silenciosa, de un pueblo que ha sabido sobrevivir a la persecución, la discriminación y la expulsión.
A lo largo de la historia, en muchas partes del mundo, fueron obligados a cambiarse el nombre, a ocultar sus raíces, a demostrar una lealtad que nunca se les concedió. Desde las leyes de exclusión en Estados Unidos hasta las persecuciones en el sudeste asiático, la diáspora china ha vivido siglos de silenciosa resistencia. Ahora comienza el Año Nuevo Chino, una festividad de alegría y reencuentro. Pero en muchos lugares, durante décadas, fue reprimida o minimizada. Aun así, la comunidad la mantuvo viva, como una afirmación de identidad, como un acto de resistencia silenciosa.
He ido dos veces a China y no puedo esperar por volver. Y ya te digo: son gente educada, con una cultura para quedarse sentada, escuchando, aprendiendo, asombrándose. Confucio decía: “Aprender sin reflexionar es inútil. Reflexionar sin aprender, peligroso.” Esta festividad no es solo una bienvenida al Año de la Serpiente de Madera, es la manifestación vibrante de una comunidad que, silenciosa pero inquebrantable, está presente en cada gran capital del mundo.
Por eso, mañana, cuando vayas a la frutería, te cruces con un chino en el metro o te sirvan en un restaurante familiar, no te olvides de desearles Feliz Año.