BAJO LA LUZ DE LA LUNA
Cuando vivía en Tanzania, tenía una vecina keniana llamada Rubi que, cada luna llena, apagaba todas las luces de su casa y jardín. Vestida de blanco, le ofrecía a la luna todas las monedas que tenía en casa para que se las multiplicara. Era un ritual intimo y sereno, un susurro al oído de la obscuridad. Casi todos los actos de magia buscan alinear las intenciones con las fuerzas que mueven el mundo, pero lo que realmente rescato de estos rituales es cómo subrayan la importancia de dar en el proceso de recibir.